La impresión 3D industrial ha dejado de ser promesa y es operativa en aeroespacial, médico y piezas de repuesto. Repaso de qué procesos dominan, dónde aporta valor real, qué sectores siguen resistiéndose y las limitaciones físicas que todavía no hemos superado.
Imprimir piezas de acero, titanio o aluminio ya no es un experimento de laboratorio. La manufactura aditiva metálica lleva una década madurando, con certificaciones aeroespaciales estables y proveedores de servicio en toda Europa. La pregunta ya no es si funciona, sino para qué piezas compensa frente al mecanizado, la fundición o la forja.
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