Un año después de que GraphRAG saliera de laboratorio, queda una estadística clara: funciona donde la información corporativa tiene relaciones densas, falla donde solo hay documentos sueltos. Patrones, costes y decisiones de arquitectura que han sobrevivido.
Durante una década, los grafos de conocimiento fueron una idea académica con pocos casos de uso reales, frenada por el coste de construir y mantener el esquema. Los LLM han cambiado esa ecuación: ahora extraen entidades automáticamente y sirven para anclar respuestas, auditar razonamiento y sostener agentes sin alucinar.
Desde que Microsoft abrió GraphRAG, el patrón de usar grafos sobre tus propios datos ha pasado de experimento académico a técnica con aplicaciones prácticas. Reflexión sobre cuándo compensa, cómo se monta y qué errores se repiten.
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