Los grafos de conocimiento llevaban dos décadas esperando su momento. Con los LLM como puente entre texto y ontología, y el patrón GraphRAG ya maduro, la tecnología vuelve al primer plano. Toca revisar por qué ahora sí encaja y dónde conviene usarla.
Durante una década, los grafos de conocimiento fueron una idea académica con pocos casos de uso reales, frenada por el coste de construir y mantener el esquema. Los LLM han cambiado esa ecuación: ahora extraen entidades automáticamente y sirven para anclar respuestas, auditar razonamiento y sostener agentes sin alucinar.
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